LLL Hoy #5 – Lactancia y trabajo – La historia de Carla: Adriana

La historia de Carla: Adriana – Los efectos de un bocadillo calórico y la poesía

Versión original en italiano

Quando mia figlia Adriana aveva circa sei mesi, mi capitò l’occasione di scrivere un libro su un poeta molto famoso, morto da diversi anni, di cui dovevo cercare le tracce ancora esistenti nella mia città e nella mia regione.

Adriana era una bambina abbastanza ad alto bisogno, ed era impensabile lasciarla per diverse ore.

Era l’inverno del 2000, freddissimo, e decisi di portarmela sempre dietro anche camminando lungo le viuzze ripide della mia città col naso (gelato) per aria a cercare le cose che il poeta poteva aver visto mentre scriveva le sue poesie.

Una delle tappe era in una valle verso la Pianura Padana, e faceva talmente freddo che il fiume era uno strato di ghiaccio verdissimo.

Adriana era nel marsupio, sotto a due sciarpe e al cappotto: era bollente, e la mia pancia a contatto con lei era l’unica cosa calda. Le mie mani, con la penna e il quadernetto sul quale prendevo appunti erano completamente ghiacciate, e al banchetto di un mercato comprai un panino con il salame di ciccioli (un meraviglioso salume stra-calorico).

Adriana, dopo aver ciucciato in un bar in cui stavo mettendo giù gli appunti di un’intervista con un maestro elementare, quel pomeriggio dormì tantissimo, e tuttora penso che il salame di ciccioli non sia stato del tutto innocente!

Riuscii in tre mesi a scrivere il libro, e ancora oggi dopo tanti anni non capisco come sia stato possibile che io e Adriana abbiamo scritto cose così sensate!

Cuando mi hija Adriana tenía unos seis meses, tuve la oportunidad de escribir un libro sobre un poeta* muy famoso que llevaba varios años muerto, para lo que tuve que buscar todo rastro de este poeta que aún existiera en mi ciudad y mi región.

Adriana era una niña con muchas necesidades y era impensable dejarla sola durante varias horas.

Era el invierno del 2000 y hacía un frío que pelaba. Decidí llevarla conmigo todo el rato, incluso mientras recorría las empinadas calles de mi ciudad con la nariz (helada) al aire buscando cosas que el poeta podría haber visto mientras escribía sus poemas.

Una de las paradas fue en una explanada hacia el valle del Po. Hacía tanto frío que el río tenía encima una capa de hielo verdoso.

Adriana iba en su portabebés bajo dos bufandas y el abrigo. Tenía calor, ¡y mi vientre en contacto con ella era la única parte de mí que estaba caliente! Tenía las manos, con el bolígrafo y el pequeño cuaderno en el que tomaba notas, completamente congeladas. Para calentarme, compré un bocadillo con salami de chicharrones de cerdo (un maravilloso salami extracalórico) en un puesto del mercado .

Adriana, después de una larguísima comida en un bar donde yo tomaba notas sobre una entrevista con un profesor de primaria, durmió muchísimo aquella tarde, ¡y sigo pensando que el salchichón no era del todo inocente!

Escribí el libro en tres meses. Incluso hoy, después de tantos años, ¡no entiendo cómo fue posible que Adriana y yo escribiéramos cosas tan sensatas!

Nota del editor: El “poeta misterioso” era Giorgio Caproni y el libro es Da Arenzano a Genova, alla Val Trebbia, una guida ai luoghi cantati da Giorgio Caproni (“De Arenzano a Génova, al Valle del Trebbia, una guía de los lugares cantados por Giorgio Caproni”).


Carla